Ibiza. Gente mágica. Ritmo frenético. Todo crecía rapidísimo. Me encuentro en una isla llena de estrellas. Decido vivir un presente idílico, el que yo creo con mi esfuerzo. Cada piedra es una prueba. La agradeces. Buscas la enseñanza. Los problemas se convierten en misiones.

Soy un aventurero en busca de un tesoro.

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Una isla misteriosa por explorar. Llego con dinero para 15 días, una maleta llena de esperanza. Humildad. Y a rehacer un camino que ya no era el mío.

Estoy en casa de una amiga que me tiende la mano. Cada día busco. ¿el qué? ¿un trabajo? No, no sé lo que busco. Pero sea lo que sea… lo que busco está mas allá. Usaré el trabajo para impulsarme y tratar de alcanzarlo. Así que la primera misión ya tiene forma. Conseguir ese trabajo.

Cuando estás en esa vibración, cuando pides de manera sincera y clara….  el Universo entero conspira para conseguirlo. Incluso cuando no eres consciente de ello.

Todo llega según lo voy pidiendo. Un trabajo, mi casa, un mejor trabajo, una casa mejor…

Llegan a ti personas que brillan cada vez mas. Aprendes con ellos, compartes. Y descubres que ellos y ellas están en ti.

Mis lecturas son cada vez mas variadas, y llegan a mi de una forma que ya de por sí…. me indican algo.  En concreto, recuerdo como fue que llegó a mi El clan del oso cavernario, de Jean M. Auel. Los primeros días de estar en la isla, conozco a una amiga que me habla de este libro, de la historia de Ayla, una niña Cromañon, que crece dentro de un clan de Neardentales. Apunto el nombre del libro en mi teléfono móvil. Un año después, paseando por el mercadillo de San Jordi, veo cientos de libros expuestos para vender, miles. De todos ellos, sólo me llamó la atención uno. Un libro que veo de perfil, entre otros muchos, con una tapa nada llamativa, marrón, desgastada, letras pequeñas y blancas…  no resaltaba absolutamente nada. Pero me acerco y lo cojo. Lo leo…. me quedo pensativo, tomo mi teléfono y sí!  es el libro que hace un año anoté. 1 euro permite que me lo lleve conmigo. Una historia de lucha y superación, y que sin querer estropear la historia, Ayla, después de crecer con Neardentales hablando con un lenguaje corporal, vuelve a un clan de cromañon en su madurez y aprende a hablar. Y es justo ahí cuando descubre la Mentira. Nunca antes había existido para ella. El lenguaje corporal era auténtico. En su nuevo clan, la gente dice una cosa con palabras, pero otra distinta con su cuerpo. Mucho aprendí para mí de ese libro. Aprendes a observar a las personas al mismo tiempo que las escuchas.

Han pasado varios años de risas, de bailes, de crecimiento laboral, personal, de “calidad de vida” (la que entendía en aquél momento). Grandes amigos, algunos que vienen y van, otros que solo se van. Desilusiones que te enseñan. No expectativas. Si no esperas nada, todo lo que llegue será un regalo. Esto requiere esfuerzo y constancia. De nuevo observando mis pensamientos, toca identificar unos nuevos. Aquellos en los que esperar cosas de los demás me hacían sentir inseguros. O me defraudaba el no conseguirlas, o me decepcionaban al conseguirlas.

Y mas grandes amigos, y mas hermanos y hermanas con las que te cruzas por los caminos. Personas con las que compartes y creces y cada vez es mas fácil amar. Aceptas lo que a ellos les falta por aprender igual que ellos aceptan lo que te falta por aprender a ti.

Aprendo amando.

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Uno es lo que ama, no lo que le ama.

Y recuerdo a mi gran profesora.

Donde rompen las olas……. salva una caracola…….

 

Y volver a ser consciente de todo lo pequeño que te rodea. Y observarlo. Es inmenso. Como cuando eres un niño pequeño descubriendo nuevos planetas. Sorprenderse. Confiar. Creer y Crear.

Recuerdo una noche de Luna llena. Punta Galera. Un paraíso de la isla de Ibiza. Un “playa” de roca. Un acantilado que forma terrazas planas. A distintos niveles, hasta entrar en el mar. El Mediterráneo, la oscuridad de la noche. La claridad de la Luna cuando asomaba entre las nubes. Cuatro amigos y unas cervezas. Un humo mágico que nos une, que nos hace volar entre batallitas y chistes. Entre charlas absurdas y conversaciones profundas. Me escapo a pasear. Llego a la cabeza de Buda, que un buen día apareció en esta playa. Y apoyada en su roca contempla el mar desde hace años. Cada verano se llena de ofrendas y deseos que dejan las personas que pasan por allí.

Aquella noche, sintiéndome seguro, me atrevo a leer algunos de esos deseos. Tomando los papelitos con el respeto que merecían, voy leyendo antes de volver a dejarlos en su lugar.

Algunos me hicieron sonreír.  “Deseo que encuentre trabajo pronto y pueda estar toda la temporada, y encontrar novia y que pueda ahorrar”    🙂   jejejeje    Me parecían inocentes.

Seguí leyendo deseos. Y seguí hasta que encontré el que yo decidí fuera para mí:

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Desapego con amor.

Al leer esta frase, vinieron a mi mente muchas situaciones de mi vida en las que podría practicarlo.  Nueva misión: Desapego con amor.  Incluso de muchas cosas de las que todavía no era consciente.

Dejé el papelito en su lugar, y regresé a las cervezas, a las risas, a la amistad. Pero ya no era el mismo que hacía dos minutos. Se me acababa de activar algo. Poco a poco este nuevo pensamiento crecería, evolucionaría,…..lo compartiría….

Otro de los libros que recuerdo en aquella época es El Alquimista, de Paulo Coelho. Recuerdo que despertó en mi las ganas de crear mi propia “Leyenda Personal”. y que me ayudó a poner en práctica ese desapego con amor que estaba empezando a aprender con una frase que me repetía mucho:

Si yo soy parte de tu leyenda, tú volverás un día.

Desapego a quien más amaba en ese momento, a quién me enseño a sentir el amor a un nivel que no conocía. Amar cada pequeña cosa que antes me parecía insignificante. Amar cada cosa que haces. Desapego a quién consiguió que cada vez me sea más fácil amar, y amarme.

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Voy a terminar el post de hoy con dos citas de otro de los libros que han dejado huella en mí: El diario de Ana Frank.

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Gracias.    🙂

Marcos Montero

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