CARTA DE UN JOVEN “ESQUIZOFRÉNICO”

Esta carta la ha escrito un joven que está diagnosticado de esquizofrenia, según sus propias palabras,“desde niño”. Es un escrito que, a nuestro juicio, contiene por sí solo todos las herramientas que NUEVAPSIQUIATRÍA viene propugnando como necesarias para el cambio de modelo psiquiátrico. Por eso hemos decidido publicarlo aquí. Tanto él, como sus padres y la Fundación que lo tutela, nos han dado permiso para ello.

“DR. XXXXX
Yo, Daniel XXXX XXXX XXXX, soy usuario de la salud mental y desde hace dos años usted es oficialmente mi psiquiatra en el Centro de Salud Mental XXXX. Pero tras la primera entrevista usted dejó de ser mi psiquiatra para mí.

Ahora he decidido confiar en usted de nuevo y tratar de conocer esa otra cara de usted que aquella vez no pude conocer y de la que me hablaban las referencias por las que fui hace dos años a que usted pudiera ser mi psiquiatra.

Por eso creo necesario contarle cosas muy importantes sobre mí.

EXPONGO:
He pedido segundas opiniones. Sé que con el inyectable estaría mucho peor. Entiendo que además, no es necesario, porque que yo me tomo siempre la medicación y no tomo ningún otro tipo de medicación. En este momento la medicación me va muy bien.

Estuve unas semanas muy hundido, ahora voy al gimnasio y a la piscina cada mañana desde hace tres semanas. Esto ha sido un progreso.

El proceso de incapacidad se inició en un momento que estaba de brote esquizofrénico y estaba más inmaduro que ahora. La incapacidad no se ha basado en una situación permanente, sino en una situación que ha cambiado.

Hago vida independiente desde hace siete meses. Alquilo una habitación con una titular y otro inquilino, los dos de cincuenta y pico años. Mis compañeros de piso me aprecian mucho.

Soy limpio y ordenado. Mantengo la cocina y el baño siempre impecables.
Participo en un taller de baloncesto en el casal del barrio XXXXX. También participo en varias actividades deportivas de la Asociación XXXX: equipo de fútbol y comisión y actividades de ping-pong, como monitor titulado de ping-pong.

Tengo amigos y amigas.

Me detectaron péptidos morfínicos por el gluten y la caseína, por eso bebía cuatro litros de leche al día tratando de reducir la ansiedad. He suprimido el gluten y los lácteos de mi dieta.

Participo en la Asociación NUEVAPSIQUIATRÍA, que conocí en una charla en un centro cívico. Voy al GAT, donde hago una psicoterapia con los padres, también hago yoga y allí seguimos todos una alimentación 100% ecológica.

Soy plenamente autónomo. Ahora estoy acostumbrado a comprar lo que necesito y sé manejar mi dinero.

La relación con los padres ahora es muy buena. Los padres están muy contentos conmigo.

Sigo con el voluntariado en la Asociaición XXXXX.

Soy cristiano evangelista pentecostal. El pastor me atiende a menudo y se esmera mucho conmigo y me está ayudando mucho a centrarme. Frecuento el culto unos dos días a la semana.

Estoy recuperando mi vida y todo lo que me gustaba y había dejado de hacer.

SOLICITO:
Que usted me permita seguir con la pauta médica actual, porque que la medicación actual me está ayudando mucho y los padres y los tutores pueden atestiguar esto.

Teniendo en cuenta que he superado el brote esquizofrénico y estoy muy centrado, solicito que, si sigo avanzando así en el futuro, usted esté dispuesto a valorar iniciar un proceso de desmedicalización.

En el momento actual, esta situación de tutela es desproporcionada y me perjudica mucho. Solicito que usted esté dispuesto a valorar esta evolución, que también conocen los padres y los tutores, a apuntar los progresos que estoy haciendo y revocar la incapacidad.

Usted, Dr. XXXX, me dijo en la primera sesión: ‘tú nunca trabajarás con chicos’. Por eso me cerré completamente en banda con usted desde la primera sesión y es por ello, que durante los últimos años usted ha sido un psiquiatra de adorno, por que no ha podido estar a mi lado, no le he explicado nada importante hasta la sesión de hoy, donde he decidido cambiar yo y confiar en usted.

Porque cuando lo elegí a usted como psiquiatra fue por referencias que hablaban de otra cara de usted que hasta ahora yo nunca he conocido. Mi vocación es trabajar por la infancia y la juventud en un entorno educativo y es así como quiero realizarme. Solicito, no sólo que nunca utilice su situación de poder sobre mí para cortarme las alas, sino que intente verme como el hombre que realmente soy y que tenga respeto a mi vocación y que crea en mí y en mi mi inteligencia.

Un psiquiatra para saber tratar a un paciente debe saber tratarlo de acuerdo a su fase de desarrollo moral pues de lo contrario obtiene resultados indeseables. Yo estoy en el estadio de todos somos iguales, que es el último grado de desarrollo moral y al que la mayoría de la gente no llega. Si usted lo desea puede volver a pasarme tests de desarrollo moral.

Por lo tanto, le pido que no me trate como a alguien a quien hay que vigilar ni hable de peligrosidad refiriéndose a mí, como quien actúa desde el plano de la ley del más fuerte, sino que me trate de forma adecuada a mi nivel de desarrollo moral. Así obtendrá mejores resultados en la relación médico-paciente.

P.D. Mis padres y tutores, pueden testimoniar los progresos que he hecho, algunos de los cuales he hecho mención en la presente.”

Hasta aquí la carta de Daniel. Es posible que algún día hagamos algún comentario sobre la misma pero ahora tan sólo queremos añadir que la entrevista tuvo lugar hace tres días y en ella el Dr. XXXXX aceptó las tres propuestas de Daniel, a saber:

– No cambiar las pastillas por inyección intramuscular.

– Estar abierto a una posible bajada y/o retirada de fármacos en función de la evolución.

– No descartar la petición de revisión de la sentencia de incapacitación si en su día las circunstancias así lo aconsejan.

 

 

COMENTARIOS A LA CARTA DE DANIEL

Decíamos en la breve introducción a la carta publicada hace cuatro días que la misma contiene por sí sola todos los elementos que NUEVAPSIQUIATRÍA considera esenciales para el cambio de modelo psiquiátrico.

En primer lugar, constituye un demoledor argumento del concepto de esquizofrenia como enfermedad devastadora que produce deterioro psíquico y que, por tanto, requiere cuidados y tratamiento farmacológico de por vida. De hecho Daniel, pese a llevar muchos años diagnosticado de esquizofrenia, mantiene una capacidad de raciocinio y de juicio envidiables.

En segundo lugar, encontramos en este documento una prueba palpable de lo que incansablemente venimos repitiendo: cuando un psiquiatra diagnostica esquizofrenia a una persona, en su fuero interno está pensando que esa persona ya no vale para nada. El “tú nunca trabajarás con chicos” que el psiquiatra le espetó a Daniel en aquella primera entrevista de hace dos años, se atreven a hacerla igualmente no pocos psiquiatras nada más haber establecido el diagnóstico de esquizofrenia: “olvídense de que su hijo siga con la carrera de medicina… a lo más un grado de formación profesional”, le decía el psiquiatra a los padres de otro recién diagnosticado… ¡y así sucesivamente!

Y esta es la prueba evidente de lo que machaconamente venimos diciendo: pese a que la noción de esquizofrenia se ha flexibilizado a lo largo de sus cien años de historia y actualmente la mayoría de las veces ya no entraña la gravedad que suponía antaño, sin embargo la propia denominación —el término “esquizofrenia”— todavía conserva una terrible carga destructiva.

Insistimos: cuando un psiquiatra aplica este diagnóstico a una persona generalmente en su fuero interno piensa: “sujeto que ya no sirve para prácticamente nada y a al que habrá que medicar y cuidar de por vida”. Cuando la realidad es que de cada cien casos de esquizofrenia que se diagnostican hoy, noventa y cinco no implican gravedad ni deterioro pues son simples reacciones psicóticas a estrés o a drogas o a cualquier otra razón. Por eso nosotros no nos cansaremos de repetir: ¡esquizofrenia delenda est!… ¡hay que acabar con la esquizofrenia!

Un tercer elemento que hay que resaltar en el escrito de Daniel: el empoderamiento. Efectivamente, aunque por el peculiar estilo literario escogido —redacción con formato de petición a la Administración Pública— su carta puede parecer excesivamente sumisa, lo cierto es que plantea a su psiquiatra la necesidad de establecer una relación claramente horizontal, eliminando el autoritarismo de la primera entrevista. En este sentido merece la pena una mención explícita a su “no me trate como a alguien a quien hay que vigilar ni hable de peligrosidad refiriéndose a mí, sino de forma adecuada a mi nivel de desarrollo moral”, que deja claramente de manifiesto la necesidad eliminar todo prejuicio y de establecer un diálogo abierto y entre iguales… ¡si es que se pretende que esa relación sea mínimamente terapéutica!

Finalmente, hay que reseñar también la importancia que en el escrito se da al empleo de lo que en NUEVAPSIQUIATRÍA hemos denominado terapias complementarias holísticas, es decir, todas aquellas herramientas que fortaleciendo la motivación y voluntad permiten a la persona establecer un determinado estilo de vida mediante el cual cree sentirse realizada y satisfecha consigo misma.

Como psiquiatra, a mí me gustaría de cuando en cuando recibir un escrito como el que acabamos de analizar. Un escrito que me sacuda y me saque de la rutina en la que tengo tendencia a instalarme. Un escrito que me recuerde que mi sitio y mi papel es: atender, escuchar, intentar aprehender a la otra persona. Y en la medida en que he sido capaz de mantener esa relación empática, sólo en esa medida, ver de ayudar.

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Fuente:

https://www.facebook.com/nuevapsiquiatria/posts/907710102681632:0

https://www.facebook.com/nuevapsiquiatria/posts/904567819662527:0

http://nuevapsiquiatria.es/

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