Ilusión por escribir, pensando sobre la manera de empezar. De pronto, un nuevo brote. Los neurolépticos y antipsicóticos aparecen en escena. Sus terribles efectos. Que algunos tuvieron la brillante idea de camuflar con un nombre tal como “efectos secundarios”.

Igual de perdido que en teclado, me siento impotente ante la incapacidad de ayudar. La paciencia y el amor se me quedan pequeños en estos momentos. Sabiendo que mas que imprescindibles, son el camino. Lo cambiaría todo por una barita mágica que pudiera calmar sus pensamientos. Que como una diligencia desbocada, sus caballos corren arrasando con lo que haya por delante. Miedo, que no seamos la familia quien escuche galopar ese torrente de pensamientos. Que no seamos la familia, que sabemos diferenciar entre la persona y los medicamentos. Esperando pacientemente a que se apacigüen para beber agua. Después….reaparece la persona.

No puedo mas que rogaros a cualquiera que lea estas palabras que nunca toméis, ni recomendéis tomar a nadie, este tipo de medicamentos. Destruyen.

La ansiedad se vuelve completamente extrema, la desrealización y despersonalización son demoledoras. Tristemente, nos hemos acostumbrado, por culpa de una sociedad sin valores y borracha de ambición, a entender como parte de las enfermedades lo que son puros efectos de los medicamentos que nos instan a tomar. Comercializaron con la salud, la curación se convirtió en un negocio, y la vida paga las consecuencias.

Casi 4 horas de escuchar un discurso enredado, sin conexión con su propio ser, su mente gritando…  afónica. Desesperada intentando crear realidades que le rescaten de lo que no puede afrontar.  Mantengo mi atención, me hago compañero de su camino, cualquiera que él elija. Sin juzgar, sin contradecir,….  sin intentar domar sus pensamientos…. paciencia, solo escuchar. Solo acompañarlo. La compañía silenciosa representa un valioso regalo curativo. La intensidad va disminuyendo… mi energía y capacidad de atención también. Me quedo con que en esta ocasión yo estaba en su equipo. No luchaba el solo contra el mundo. Me quedo con los pequeños segundos en los que se mostraba una ráfaga de luz, en los que asomaba al fondo de ese caos un alma hermosa que sólo está perdida y tiene miedo. Me quedo con mi hermano. A él todavía le queda una larga lucha. Mi camino por hoy llega a su fin. Quisiera seguir caminando, pero la suela de mis zapatos está gastada. Me despido, buenas noches. Se despide, seguirá caminando y cavilando….   Mañana, tendré zapatos nuevos para gastarlos de nuevo mientras le acompaño…

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Marcos Montero

 

 

 

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