Tremenda escena de Angel A, de Luc Besson 2005

Esta simple acción, mirarse uno mismo frente al espejo para aceptarse, amarse…. recordando tu perfección…  Algo que debería ser lo esencial, y que nos empeñamos en complicar con pensamientos, creencias y miedos….   Es el primer paso para sanarse. Para sanarse a uno mismo de si mismo. Sanarse de ideas equivocadas, de miedos infundados e inseguridades impuestas. Acéptate, ámate….   sanarás tu Espíritu, sanarás tu Mente, sanarás tu Cuerpo.

Una persona herida, hiere. Una persona sana, sana.

Una vez entendemos nuestros propios miedos e inseguridades, empezamos a ser consciente de los miedos de los demás. Miedos que no distan tanto de los propios. Pero que sin habernos enfrentado a ellos, todavía no dejan de ser simplemente un sentimiento que nos frustra y nos bloquea. No es hasta que nos enfrentamos a ellos, hasta que descubrimos que sólo eran parte de un disfraz que nos empeñabamos en vestir, cuando podemos entenderlos, superarlos, y comprender a quién está frente a esa misma piedra en su camino.

Aceptarse, amarse, respetarse….  después lo demás.

Compartir, crecer, caminar…. sonreírse a uno mismo y a los demás.

Visualizar, proyectar…. crear.   Lo puro, lo de verdad.

Marcos Montero

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