“Tengo que empezar haciendo una confesión pública: En 1987 causé la muerte de un hombre. Ahorré medio millón a la compañía y fui premiada por ello. Sé como los seguros médicos mutilan y matan a los pacientes”

 

3 advertencias antes de leer:

Primera advertencia:

Este reportaje ofrece datos contrastados y demostrables. Pero no os engañéis: este no es un reportaje “neutral”. Ante la barbaries no hay lugar para la equidistancia. Porque cuando un grupo pequeño ataca la salud y la seguridad de millones de personas, no se puede ser neutral. No se puede ser equidistantes con una trama (encabezada por CiU) que atenta contra la salud de un pueblo.

Segunda advertencia:

Este reportaje no explica los argumentos a favor de privatizar la sanidad pública. No lo hace de la misma manera que no explicaríamos argumentos a favor del maltrato de género, argumentos a favor de abusar de niños o argumentos a favor de apalear inmigrantes.

Tercera advertencia:

En este reportaje explicaremos, con datos contrastados, cuáles son los planes de CiU para la sanidad pública, cómo los está llevando a cabo y -sobre todo- cuáles serán las consecuencias. Unos planes ejecutados al dictado de las mismas corporaciones financieras responsables de que hoy en los Estados Unidos haya cada año decenas de miles de hombres, mujeres y niños muriendo sin recibir atención médica. Una realidad que, en breve, será la de Catalunya si no detenemos el terror que quiere imponer CiU.

En 2007 el director norteamericano Michael Moore hizo un documental titulado Sicko, donde se analiza el funcionamiento de los seguros privados de salud en los Estados Unidos. Uno de los momentos más impresionantes de la película es la intervención de la doctora Linda Peeno ante el Congreso de los Estados Unidos. Peeno era “inspectora médica” en la mutua privada “Humana” pero un día no soportó más hacer este trabajo:

“Me llamo Linda Peeno y estoy aquí sobre todo para hacer una confesión pública: en la primavera de 1987 en calidad de médico denegué a un hombre una operación necesaria que le hubiera salvado la vida y esto causó su muerte. Nadie me exigió responsabilidades porque de hecho, lo que hice fue ahorrar medio millón de dólares a la compañía. Actuando de este modo conseguí una buena reputación como directora médica. Pasé de ganar unos cientos de dólares a la semana a tener ingresos de seis cifras. Mi deber era utilizar mi experiencia médica en beneficio económico de la organización para la que trabajaba. Sé como los seguros médicos mutilan y matan a los pacientes. Estoy aquí para hablaros del trabajo sucio de la asistencia sanitaria. Me atormentan los miles de expedientes en los que escribí esta palabra letal: denegado”.

El documental Sicko tuvo impacto en los Estados Unidos. La idea de su director no era explicar qué pasaba con los cerca de 50 millones de estadounidenses que no tienen seguro médico sino “hacer una película sobre los 255 millones restantes que si tienen seguro médico. Sobre todos aquellos que están viviendo el sueño americano.”

Así, a lo largo de sus 120 minutos Sicko nos cuenta casos de personas con nombres y apellidos abandonadas por sus seguros sanitarios privados con un objetivo: ganar dinero, aunque a menudo sea gracias a dejar morir a sus clientes.

Pero, por qué en el cafèambllet dedicamos una portada a la historia de Linda Peeno explicando unos hechos que ocurrieron hace 28 años? Por qué hablamos de una película donde se explican casos de personas que viven a miles de kilómetros de aquí?

La respuesta a estas preguntas es: publicamos y explicamos todo esto porque si no hacemos nada, pronto lo que explica Sicko pasará en Barcelona, Manresa o Tortosa. Porque ahora mismo una trama político-financiera está aplicando medidas para que a que el escenario sanitario norteamericano sea una realidad en Cataluña. Sólo un dato: según David Himmelstein, profesor de Salud Pública de la Universidad de Harvard, más de 100.000 personas mueren cada año en los EEUU por no poder pagar los tratamientos médicos.

En Cataluña la larga tradición de sanidad pública puede hacer difícil imaginar que algún día podamos llegar al nivel de desprotección de los Estados Unidos. En Cataluña todavía tomamos casi como un hecho natural que si enfermamos tendremos buenos hospitales, médicos y tratamientos en el servicio público de salud, independientemente de nuestra situación económica. Pero aunque cueste aceptarlo, esto puede cambiar. De hecho ya está cambiando y si no detenemos los planes de CiU, historias como las que explica la doctora Linda Peeno serán una realidad en Cataluña. Porque lo que explica Peeno es lo que pasa cuando planes como los de CiU se acaban imponiendo.

Antes de nada: Si te lo quieres creer estás en tu derecho, pero CiU miente.

Antes de entrar en los detalles de CiU y del entramado financiero catalán hay que desmontar la gran mentira de CiU. Estimado lector, lea esta frase en voz alta:

“El problema principal no es que no hay dinero. El problema es como se gestionan el dinero que hay.”

El problema es que CiU trabaja para que las transnacionales y el sector financiero puedan hacer negocio con la salud de los 7 millones de habitantes de Cataluña.

Ejemplo: Por un lado CiU recorta los presupuestos de los hospitales públicos. El Instituto Catalán de la Salud (ICS) ha sufrido un recorte del 12,9%. Mientras tanto, entre 2010 y 2012 la multinacional IDC Salut (antigua CAPIO) duplicó la facturación en contratos con el Departamento de Salut. (1)

Los datos demuestran que CiU no recorta en hospitales públicos para ahorrar. CiU recorta el presupuesto de los hospitales públicos para darle ese dinero a los hospitales de las grandes corporaciones privadas. Llegados a este punto alguien podrá decir:

“Vale, me es igual a quién le den el dinero… A mí me es igual que me operen en Bellvitge o en CAPIO. Yo lo que quiero es que me operen”.

Ok. Pero atención. En primer lugar CAPIO te recibirá con los brazos abiertos si lo que tienes es una patología sencilla que le permite ganar dinero. Pero si tu proceso se complica, o te descubren una enfermedad grave y de tratamiento costoso y largo, CAPIO se deshará de ti y enviará al paciente a un hospital público. Y ahora alguien puede decir:

“Vale, entonces que me traten en el hospital público”.

¿Pero qué tipo de hospitales públicos tendremos si CiU finalmente lleva a cabo sus planes? Seguro se parecerán mucho más a los hospitales de beneficencia del siglo XIX que al sistema sanitario público y de calidad que hemos tenido hasta ahora. En cambio, tendremos unos hospitales con recursos demasiado limitados, sin investigación, con profesionales mal pagados y sin capacidad para dar el tratamiento más eficaz y más resolutivo. En definitiva: un hospital para pobres. Un hospital de caridad donde si al mecenas de turno le va bien, habrá sábanas y medicinas.

Si crees que exagero, si crees que CiU no tiene como objetivo destruir los nuestro sistema sanitario, valora los siguientes datos:

CiU al servicio de La Caixa

El jefe de CiU no es ni Artur Mas, ni Duran ni Boi Ruiz. De hecho todos estos son los empleados. Porque quien paga los gastos de CiU es Isidre Fainé, presidente de La Caixa. Y no es una ‘teoría de la conspiración’. Es una realidad que se puede demostrar en cifras: CiU ha sido el partido que más dinero ha recibido de La Caixa: 21.490.000 €. El dicho popular dice que “quien tiene el culo alquilado no se sienta cuando quiere”. Y con esta deuda sobre la mesa, cabe preguntarse: ¿quién manda en CiU? ¿Quien decide si CiU debe apoyar los hospitales públicos o debe dar negocio a las mutuas? ¿Qué relación hay entre los intereses de La Caixa y las decisiones de CiU? Mira este recuadro:

Cronología

Octubre de 2009: La Caixa compró la aseguradora Adeslas por 1.178 millones de euros. En ese momento el presidente Isidre Fainé declaró que el de los seguros privados era “uno de los ámbitos donde se prevé mayor crecimiento en los próximos años”. La Caixa tenía que estar bien segura de ello como para pagar 1.178 millones de euros por Adeslas.

Diciembre de 2010: CiU nombra como Consejero de Sanidad Boi Ruiz, hasta ese momento jefe de la patronal sanitaria privada Unión Catalana de Hospitales. Pocos días después, en su primera entrevista en TV3 como consejero dijo:

“Suerte tenemos de que el 26% de los catalanes tengan seguro médico privado (…) Recomiendo totalmente a los ciudadanos que se hagan de una mutua”. (2)

Una campaña publicitaria a la medida de La Caixa. En 2011 Adeslas aumentó su beneficio en un 84%. La segunda parte de la campaña a favor de las mutuas privadas fue más agresiva.

CiU recortó el presupuesto de la sanidad pública, que pasó de 9.540 millones de euros en 2010 a 8.040 en 2014. El impacto de esta reducción se puede ver, por ejemplo, en el aumento en listas de espera quirúrgicas o para hacerse una prueba diagnóstica.

Ante esto alguien podría pensar:

“Muy bien, pero si la sanidad pública no funciona bien quizás Boi Ruiz tiene razón y lo mejor es pagar una mutua y asegurarse una buena atención”

Pero de nuevo, si piensas así tienes un problema: te han ocultado información. Mira:

Los problemas de las mutuas

A) Son caras

Los anuncios publicitarios de las mutuas ofrecen auténticas gangas sanitarias. “Tu seguro de salud completa y de calidad desde 27 € al mes” dice FIATC. “Seguro de salud desde 12 € al mes” ofrece Adeslas. ¿Pero de verdad alguien se puede creer que con 12 € estarás cubierto? De hecho, una de las quejas más frecuentes en relación al precio de los seguros privados es su potestad para subir el precio de la prima de forma indiscriminada.

Ejemplo: José Luis L. R., Barcelonés de 75 años denunciaba en una carta a un diario en 2013: “Desde hace más de 40 años mi esposa y yo somos socios de Asistencia Sanitaria. Desde hace cuatro años el aumento de la prima ha sido de un 6% anual pero este año ha sido espectacular: un 22% “. Y se pregunta: “¿Qué pasa? ¿Ya no somos rentables? Me están forzando a darme de baja? “. José Luis recibió respuesta (3) de Alfons Conesa, Director de la Agencia Catalana del Consumo:

“El importe de la prima responde al principio de libertad de competencia (…) En el caso de que el asegurado no acepte la aumento la entidad [la mutua] podrá negarse a prorrogar el contrato”.

Es decir: te pueden cobrar durante 40 años y cuando eres viejo y empiezas a gastar, te suben la cuota hasta que te tienes que dar de baja. Y lo que es mejor: la mayoría de mutuas no aceptan clientes de más de 70 años o, si los aceptan, lo hacen a un precio astronómico. Ante esto la administración dice: “esto es la libre competencia…”

B) No me preocupa. Tengo dinero.

Ok. Si tienes unos cuantos millones de euros probablemente no tengas que preocuparte. Pero si no es el caso, aunque te puedas permitir un seguro de alto standing, sigues teniendo un problema. Todos los seguros, por más premium que sean, tienen un límite. Son muchas las personas que se enteran de estos límites -convenientemente camuflados en la letra pequeña- justamente cuando una enfermedad grave llega. Como decimos, cuando esto ocurre en Cataluña, el sistema público llega al rescate. Pero en Estados Unidos, donde el sistema público es casi inexistente, esto significa la quiebra y la muerte.

Quantin Young, Coordinador del Programa Nacional de Salud de Estados Unidos lo explica así:

«Quiebra médica significa que te embargan por deudas sanitarias, porque los honorarios del médico, las facturas de los análisis y los gastos de hospitalización se han acumulado. Entonces interviene el ejecutor judicial y te lo quitan todo: por si fuera poco estar enfermo, tal vez moribundo, te quitan la casa, el coche, los muebles, te dejan en la calle, te impiden enviar a tus hijos a la universidad. Es una salvajada. Las quiebras médicas no son un fenómeno marginal, ya que el 62% de todas las quiebras declaradas por los tribunales de EE.UU. corresponden a deudas médicas, y todos los años un millón de personas van a la quiebra por esta clase de deudas».

Curiosamente, muchas de estas quiebras son de personas que tenían un seguro que, llegados a un cierto nivel de gasto, abandona al enfermo.

C) Suelen ser de baja calidad

Según una estudio efectuado por el Colegio de Médicos de Barcelona (COMB), los médicos valoran negativamente las dos empresas líderes del sector (Sanitas y Adeslas).

Según los facultativos, ninguna de las dos llega al 5 en un ranking del 1 al 10. Una de las razones principales es “la dificultad en la autorización de las pruebas”. Y en este punto hay que recordar a Linda Peeno, con quien abríamos el reportaje. Otro problema añadido que tiene un impacto directo en la calidad de la atención prestada por las mutuas es la cada vez más precaria remuneración a los profesionales. Según el Colegio de Médicos de Madrid, las aseguradoras están llegando a pagar 8 € por consulta al médico. “Mientras tanto – explica uno de sus miembros, Miguel García Alarilla- las aseguradoras han aumentado sus beneficios en un 20%”. Según el COMB “la guerra comercial y de precios afectan a la calidad de los servicios”. (4)

Así pues, por un lado tenemos pacientes mal atendidos y por otro, médicos mal pagados. En medio de todo, unas compañías ganando cada vez más dinero. Ante esto alguien puede decir:

OK, ¿pero si los seguros privados son tan terribles como es que siguen? ¿Como se que la gente no se queja y se monta un escándalo? Si en teoría son tan malas, la gente no las contrataría. ¿Como es que nunca sentimos nada de sus atropellos, de sus prácticas? ¿De cómo deniegan tratamientos?

En mi opinión hay dos motivos:

a) ¿Qué medio debería explicar realmente cómo son y lo que hacen las mutuas? ¿La Vanguardia, que es propiedad del vicepresidente de La Caixa, propietaria de Adeslas? ¿El Periódico, que le debe 245m de euros millones a varios bancos, entre ellos La Caixa? (5) ¿Cualquiera de los otros medios que reciben miles de euros mensuales por anunciar mutuas privadas? Porque seguro que se ha dado cuenta de la enorme cantidad de anuncios de mutuas privadas que hay ahora mismo: en la televisión, en las marquesinas, los autobuses, los periódicos… TV3 sin ir más lejos está lleno de anuncios mutuas

En este escenario, parece difícil que los medios pongan en cuestión las mutuas. Y si no, pensemos en la época de la burbuja inmobiliaria cuando los periódicos y revistas llevaban páginas y páginas con anuncios de pisos… ¿Qué diario hubiera explicado que el precio de la vivienda bajaría? ¿Qué medio se hubiera atrevido a contradecir su gran fuente de ingresos? Lo mismo está pasando con las mutuas privadas.

b) Pero hay otra razón que explica que los abusos de las mutuas no se convierten en escándalos: hoy en Cataluña, cuando una mutua deja tirado un ciudadano, allí está la sanidad pública para rescatarlo. Pero como hemos dicho antes, esto puede tener los días contados. Miremos:

El tiro de gracia en la sanidad pública:

“¿Si ya pago una mutua porque tengo que pagar la Seguridad Social?”

Como hemos visto, uno de los sistemas que utiliza CiU para desmontar los hospitales públicos es recortar su presupuesto y dar ese dinero a multinacionales como CAPIO. Pero el plan va más allá y tiene como principal objetivo beneficiar a las mutuas privadas y sus propietarios: la banca.

Miremos cómo funciona este plan que en Cataluña cuenta con el apoyo de CiU, PP y Ciudadanos:

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La idea es que las personas que se pagan una mutua sanitaria puedan desgravar los gastos. Es decir: si una familia puede permitirse gastar 2.400 € anuales para pagar una mutua -con más o menos esfuerzos, en algún caso privándose de ocio, cultura o alimentos de calidad- el hecho de poder desgravar gasto le supondría una ahorro directo de 360 €. Bien.

El argumento a favor de esta desgravación es: si una persona se paga su seguro y utiliza la sanidad privada está ayudando a descongestionar la sanidad pública y -como no usa la sanidad pública o la utiliza menos- es justo que no se le cobre lo mismo que al que sólo utiliza la sanidad pública. ¿Parece justo, no? Veámoslo.

Desgravar los gastos de IRPF de las cuotas de los seguros privados significaría que las arcas públicas recaudarían menos dinero. De esta manera el Estado perdería entre 200 y 300 millones de euros anuales, según los mismos impulsores de la medida. Unos euros que, obviamente, ya no podrán utilizarse para financiar hospitales públicos.

Parece, pues, que estamos ante otro plan para debilitar y recortar la inversión en sanidad pública y que favorece directamente a las empresas sanitarias privadas propiedad de la banca. Y no queda más remedio que preguntarse: ¿Qué es esta desgravación, sino otro monumental rescate con dinero público a la banca y sus empresas?

Pero a pesar de todo esto, alguien podría decir:

“A mí me da igual que ello beneficie a la banca si a mí me permite ahorrarme € 360 anuales en impuestos … Yo ya pago mi sanidad y no necesito la sanidad pública”.

Imaginemos que se implanta la desgravación por las cuotas de los seguros. Como hemos dicho, los 7 millones de asegurados actuales dejarían de aportar cerca de 300 millones de euros. Pero la cosa sería más grave aún ya que la desgravación abarataría el precio a pagar por los ciudadanos y ello conllevaría que muchas personas se dieran de alta, con lo que aún se dejarían de ingresar muchos millones más que ya no servirían para financiar los hospitales públicos.

Y aquí hay que hacer la pregunta a aquellos ciudadanos que quieren que la  cuota de la mutua desgrave:

> Qué haréis cuando vuestra mutua os deniegue un tratamiento contra el cáncer?

> Qué haréis cuando el equipo de abogados de la mutua os señale la letra pequeña de una cláusula imposible de entender y que os deja sin cobertura?

> Qué haréis cuando os nazca un hijo enfermo y no lo quiera asegurar ninguna mutua?

> Qué haréis cuando tengáis 70 años y la mutua se os quite de encima aumentando la prima un 200%?

> Iréis al hospital público con el que decidisteis no contribuir?

Como he dicho antes, quién escribe estas líneas no tiene intención de hacer ningún tipo de juicio moral sobre las decisiones de las personas. Y añado que siempre defenderé el derecho de cualquier persona a acceder a unos servicios sanitarios públicos. A los que pagan para hacerlos posibles y los que no quieren pagar porque ya tienen uno privado. Incluso defenderé el acceso a la sanidad pública a defraudadores de impuestos como Millet, Messi o los dueños de Pans & Company.

Pero hay una pregunta que me gustaría formular a los que no quieren pagar para hacer una sanidad para todos:

¿Habéis pensado que si millones de personas como vosotros dejan de contribuir a la sanidad pública, cuando la mutua os deje tirados no tendréis dónde ir?

Por suerte, actualmente la demanda para desgravar las cuotas del seguro privado no es una demanda popular sino una campaña orquestada por el conglomerado de la sanidad privada y la banca. Un ejemplo es la iniciativa “Por la desgravación fiscal” impulsada por el Instituto de Desarrollo e Integración de la Sanidad (IDIS).Este lobby de la sanidad privada tiene entre sus integrantes a los seguros Adeslas, Asisa, DKV, Sanitas, Mapfre, Axa y Caser; los grupos hospitalarios IDCSalut (CAPIO), Quirón y Hospiten; las farmacéuticas Roche, Sanofi, Farmaindustria, Novartis, Esteve y Pfizer; y a las compañías tecnológicas Siemens, Philips, General Electric o Indra… (6) Todas estas empresas están liderando la esta “campaña popular” que incluso cuenta con una web de recogida de firmas. De los 6,8 millones de asegurados han firmado poco más de 76.000 en el último año. En Catalunya los aliados de las corporaciones privadas para conseguir esta enorme subvención encubierta a la banca son CiU, PP y C’s. Los tres partidos llevaban la desgravación en sus programas electorales.

¿Qué hacer?

Soy consciente de que el escenario que acabo de describir es desastroso: dinero público en manos de grandes multinacionales, mutuas que abandonan a sus clientes a su suerte, maniobras político-empresariales para sacar todo el dinero posible a los ciudadanos, partidos que gobiernan al servicio del bancos que los financian… y detrás de todo esto, la posibilidad real de que en un futuro no muy lejano, en Cataluña la gente muera por no tener asistencia adecuada.

La posibilidad real de que nuestra salud quede únicamente en manos de unas empresas que tienen un solo objetivo: hacer dinero como sea.

Teresa Forcades, médica y monja benedictina, explica su experiencia trabajando en un hospital de Buffalo, en el estado de Nueva York:

Escupiendo sangre en silencio …

“Un día visité un paciente que escupía sangre. Me dijo que ya hacía un año que estaba así. Enseguida le recriminé por qué no había venido antes y me confesó que, con lo que pagaba de la mutua privada, habría tenido que hacer frente a muchos gastos, ya que no le entraba la analítica ni otras pruebas. Entonces no habría podido terminar de pagar los estudios universitarios a su hija. Ante esta disyuntiva decidió esperar. Al cabo de unos meses falleció de cáncer. No sé si se habría salvado, pero ese hecho me pareció de una injusticia terrible “.

“En el hospital donde trabajaba, privado evidentemente, cada paciente tenía una ficha donde se indicaban las prestaciones a que tenía derecho en función de su cuota de la mutua. Según lo que pagaba tenía prioridad en la atención o había que esperar, entre otras muchas cosas. Inocente de mí, me fui a quejarme a la dirección del centro y les dije que aquello parecía un negocio. Su respuesta fue, efectivamente, que aquella clínica era un negocio y que los inversores habían estudiado la mejor posibilidad, que se debatió entre un aparcamiento o un centro sanitario. Al final vieron que harían más dinero con la segunda opción”

No te hagas de una mutua

La economista y miembro de Dempeus per la Salud Pública, Ángeles Martínez Castells, lo tiene claro: “No hay que caer en la trampa de hacerse de una mutua porque si lo haces les estás siguiendo el juego y admites que ellos han ganado. Lo que tenemos que hacer es exigir que se nos atienda como es debido en la sanidad pública” (7)

Fuente: http://www.cafeambllet.com/tengo-que-empezar-haciendo-una-confesion-publica-en-1987-cause-la-muerte-de-un-hombre-ahorre-medio-millon-a-la-compania-y-fui-premiada-por-ello-se-como-los-seguros-medicos-mutilan-y-ma/

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