Hace ya tiempo que quería compartir algo tan obvio como que la comida del McDonalds y demás franquicias de comida rápida es una auténtica basura.

Hoy encontré el momento.

Todos sabemos esto desde hace ya tiempo. Todos sabemos cuál es la comida que nos hace bien. Pero parece que seguimos viéndolo como un sacrificio. Renunciar a las cosas que “queremos”. Pero… ¿realmente lo queremos?

Nos educan una y otra vez en la tesis de que comer sano representa un sacrificio para nosotros. Y es parte de la estrategia de marketing para estas empresas desalmadas.

Hemos de cambiar nuestra manera de pensar. Dejar de ver las cosas que nos hace bien como un esfuerzo. Y empezar a verlas de una manera alegre, optimista, sanadora. En muy poco tiempo os sorprenderéis a vosotros mismos disfrutando de vuestros nuevos hábitos.

El cuerpo humano es maravilloso, poderoso, creador. Pero hemos de ser conscientes de con qué carburante alimentamos a nuestro cuerpo. Ya que, por muy poderoso que sea…. no es inmune e invencible, más aún cuando nosotros mismos podemos llegar a ser nuestro peor enemigo.

Sin desviarme demasiado del tema… y volviendo a la comida basura. He de decir, que incluso de esta bazofia de alimentos, somos capaces de extraer la energía que nos hace falta para finalizar nuestros días. Pero hemos de tomar conciencia que esto tiene un precio.

Hace unos meses encontré un blog de una fotógrafa de Nueva York que decidió hacer un seguimiento de una hamburguesa del McDonalds y las patatas fritas que acompañaban su menú. Fue tomando fotografías diarias para observar los efectos del tiempo sobre su “comida”.

Coincidiendo con su sexto aniversario, el pasado 10 de Abril, aprovecho para hacer este post. Sí, habéis leído bien. 6 años. 6 años de fotografías a su hamburguesa y allí sigue tal cuál. Intacta. Ni insectos, ni hongos…. Nada se acerca a este trozo de “carne”, ni al pan, incluso sus patatas siguen ahí.

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“Voy a tener que dejársela a alguien en mi testamento para que la vigile, a no ser que la quiera el museo Smithsonian”, dice entre risas en su apartamento en el Lower East Side de Manhattan, un barrio que ha cambiado más que el Happy Meal.

Aquí el link de su proyecto Happy Meal: http://www.sallydaviesphoto.com/gallery.html?gallery=Happy%20Meal%20Project

Los ingredientes del menú aparentan estar como el primer día (excepto un trozo de panecillo) pero están duros como piedra y huelen a plástico. “En abril, cumplirá cinco años y no muestra ninguna señal de descomposición. No me veo tirándola”, subraya Davies, que empezó este proyecto como una broma a un amigo que se rió de ella por creerse la noticia sobre una profesora que hizo lo mismo. “Él decía que la hamburguesa se pondría mohosa enseguida y decidí comprobar por mi misma si se pudría”, explica. Por eso Davies siguió los pasos de la maestra Karen Hanrahan que decidió educar a los padres para que alejasen a sus hijos de la fast food en 2008, mostrando la eternidad del plato. “Es comida química, sin nutrientes”, decía la profesora.

Davies ya no toma instantáneas todos los días sino sólo una vez al mes, pero este proyecto se ha convertido en una especie de diario vital. “Mi vida ha cambiado desde esa hamburguesa. Antes no tenía una galería, ahora sí. Mi perro Charlie, que era parte del proyecto, murió en septiembre. Y la hamburguesa sigue aquí. Nos va a sobrevivir a todos, incluida a mi”, dice mientras acaricia a Suki, una pequeña perra de 17 años a la que cocina productos orgánicos, en contraposición a los conservantes que aparenta tener el menú de la cadena americana.

La fotógrafa de 58 años recuerda como su perro perdió el interés por la hamburguesa en un par de días, cuando dejó de oler a algo. “Una de las mejores cosas de este proyecto es la cantidad de gente que contactó conmigo y que empezó a hacer algo parecido”, explica Sally.

Aparte de vigilar el menú, Davies se dedica a salir a la calle a buscar personajes e historias interesantes al sur de la calle 14. Una especie de frontera invisible en Manhattan, que muchos neoyorquinos no cruzan. “No sé porque estoy aquí. Siempre quiero mudarme”, subraya. Una vez cumplidos los 50, dice, la vida es “un chollo”, con o sin hamburguesa. Aunque Davies está convencida de que durará hasta que se muera.

 

Ahora pensad tan solo un instante que alimento, cualquier alimento, no se hubiera podrido hace ya años… probablemente, en la mejor situación de conservación, no hubiera durado unos pocos días.

Y no es el único caso en el que una persona curiosa por demostrar empieza una carrera similiar.

Hamburguesas de 14 años, de 20 años…. siguen conservando el mismo aspecto que casi recién salidas del “restaurante”.   Intentad imaginar que carne de una carnicería de barrio podría aguantar siquiera la mitad de tiempo.   Es fácil… Impensable.   Lo que venden en McDonald`s y demás franquicias… No es carne, simple y llanamente.

Tenemos que tomar consciencia que basar nuestra dieta en esta especie de…. aberración de comida…. nos pasará factura sí o sí. A nosotros o a nuestros hijos, si es el caso.

 

En este vídeo se compara la descomposición entre una hamburguesa casera, una del Burguer King y otra del McDonalds:

¿Visteis alguna diferencia?

Hoy encontré otro vídeo que viene al caso. Ni el cobre fundido puede con una hamburguesa del McDonalds:

¿De verdad seguiréis dando de comer esto a vuestros hijos?

Hagámonos responsables de nuestra dieta y la de nuestros seres queridos.

Conciencia en nuestros actos y nuestra alimentación

 

Marcos Monttero

 

Fuente:  http://www.elmundo.es/cronica/2015/02/16/54de5e5e268e3e55538b456f.html

 

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